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Cultivo Doméstico de Hierbas Aromáticas

Escrito en Hierbas

La vida en la ciudad, de a poquito, nos va haciendo inmunes a la belleza de la Naturaleza. Para la mayoría de las personas es muy difícil hacerse una “escapadita” al campo, o a la costa, y volver a “amigarse” con el verde de la tierra. Con el estrés y la crisis, hay que echar mano al ingenio, y buscar formas sencillas y económicas de transformar la “selva de cemento” en un lugar un poquito más verde.

Una forma sencilla y accesible es el cultivo doméstico de hierbas aromáticas. Las hierbas aromáticas son muy útiles a la hora de transformar un sencillo plato de moñitas en todo un manjar; perfuman el hogar, son un deleite para los ojos, una delicia para los gatos, y una forma confiable de proveerse de insumos mágicos.

Las hierbas más sencillas de plantar y mantener son: perejil, albahaca, hinojo, romero, tomillo, orégano, menta, savia, entre otras.

Comenzaremos por preparar los “canteros”. Quien tenga la posibilidad de plantar en tierra, fantástico; quien no, puede preparar canteros de madera de cajón o bien comprar maceteros cerámicos. La idea es tener canteros extensos y poco profundos (entre 10 y 20 cm). Deberán tener desagüe en el fondo; los maceteros ya los traen; si se fabrican cajones hay que tenerlo en cuenta.

En el fondo del cantero colocaremos una capa de pedregullo de unos 2 cm. Luego colocaremos una capa de arena hasta cubrir los huecos del pedregullo. Luego colocaremos la tierra; la base ideal es la tierra negra. En siguientes artículos explicaremos cómo preparar el “compost”, reciclando los desechos orgánicos de la vida cotidiana (yerba, té, cáscaras, etc.) Se llenará el cantero hasta unos 2 cm del borde.

Luego humedeceremos la tierra, usando una regadera o lata perforada, procurando que no se forme barro. Repetiremos la operación al día siguiente, y de ser necesario otro día más. Para saber si la tierra está lo suficientemente húmeda, enterraremos un mondadientes, y al sacarlo observaremos si queda tierra adherida. Si salie limpio, es que está demasiado seca; si trae mucha tierra adherida es que está demasiado húmeda.

Ahora es momento de seleccionar las semillas. La mejor manera de conseguir las primeras semillas es adquirirlas en una semillería (hay varias en la zona del Centro). Más adelante podremos usar las semillas de nuestras propias plantas.

Hay diferentes formas de siembra; explicaremos la siembra directa, que si bien no es la más efectiva es la más sencilla. La tierra deberá estar debidamente humedecida, como se explicó en el número anterior. Es bueno conseguir lombrices y colocarlas en tierra un tiempo antes de la siembra.

Las semillas se colocarán en la superficie en forma homogénea, sin saturar el espacio. Con la ayuda de un colador se cernirá tierra sobre ellas hasta cubrirlas (la cobertura no debe superar los 5 mm). Luego regaremos con lluvia fina, con un aspersor (tener cuidado al reutilizar aquellos que vienen con productos de limpieza), sin saturar. Luego regar cada cuatro días.

Si todo marcha bien, en un período de entre 5 y 20 días veremos surgir los primeros brotes. Hay que tener paciencia y esperar, y NUNCA revolver la tierra “a ver como van”. Pasados 10 días de la primera germinación, de ser necesario (si vemos que las hojas están mustias o la tierra se agrieta) aumentaremos la frecuencia de regado (día por medio, sin abusar del agua).

IMPORTANTE: La exposición a la luz solar es muy importante para la germinación de las plantas. Colocar los canteros a la luz evitando el sol directo.