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Los Dioses de la Wicca

Escrito en Magia, Wicca

Los dioses de la Wicca son tan antiguos como el hombre, puesto que fueron los primeros arquetipos que nacieron de su mente, en un esfuerzo por explicar lo inexplicable. Existen en lo profundo de la mente de los hombres de hoy, como existieron en sus ancestros, bajo mil nombres y formas que las distintas culturas les han dado.

Sus formas son reflejo de los fenómenos naturales que nuestros ancestros percibían como divinos; las estaciones marcadas por el sol, las mareas y las lluvias marcadas por las fases de la luna. Los mismos fenómenos de crecimiento, efímera estabilidad y decrecimiento, para luego de una aparente muerte volver a crecer, estaban también presentes en la vegetación, en la fertilidad de mujeres y animales, y es el fundamento inconsciente de la certeza de la reencarnación. Hombre y mujer, macho y hembra, madre y padre, el motor de todas las cosas.

De allí surgen la Diosa y el Dios, la madre y el padre de todo lo vivo, gentiles y severos, a veces inexplicables en sus actos, pero siempre velando por sus hijos. Sus características ancestrales responden a aquellos símbolos que los representan; el sol y la luna.

El Dios nace, vive y muere cada año solar, en una eterna lucha de sí consigo mismo, cuyos puntos críticos ocurren en los Sabbats menores (equinoccios y solsticios). Su aspecto de Dios solar, o “niño divino”, está representado por Dioses como Bel y Lugh, Dioses de la luz, de lo visible. Su aspecto de Dios oscuro, o “señor del inframundo”, está representado por Dioses como Frey y Cernunnos, Dioses de la vegetación, de lo oculto.

La Diosa jamás muere, y cada mes es doncella, madre y anciana, en un ciclo eterno. Ella es madre, hermana, iniciadora, esposa y viuda del Dios a lo largo del año. Los Sabbats mayores marcan los puntos críticos de los ciclos pastoriles, regidos por el amor de los Dioses.

La Diosa presenta tres aspectos: Doncella, Madre y Anciana. Éstos marcan las tres mujeres que habitan en cada mujer, y los ciclos eternos de la Diosa, que ve pasar el tiempo pero nunca muere. En su aspecto de Doncella, es quien cuida aquello que nace y explora los Misterios de la Vida y la Muerte; en su aspecto de Madre, es quien asegura la continuidad de la vida en la Tierra; en su aspecto de Anciana, es quien asiste con su sabiduría a aquellos que se preparan para el gran viaje a la Tierra del Eterno Verano y quien realiza el milagro de traer vida nueva a donde nada queda.

El Dios presenta a su vez dos aspectos, el aspecto solar y el aspecto lunar. Es importante aclarar que los términos Luminoso y Oscuro no se refieren a cualidades morales, a bondad y maldad, sino a sus diferentes funciones en el ciclo de la vida. El Dios Luminoso es el encargado (junto a la Diosa, y a través de su unión con ella) de traer fertilidad a la Tierra y de velar por las cosechas, sacrificando su energía para que éstas lleguen a buen término. Es el guerrero, el patriarca, el mago, el poder de la razón. El Señor Oscuro es el encargado de guardar las puertas de la Tierra del Eterno Verano, donde se guarda toda la sabiduría de aquellos que han vivido, y donde éstos se preparan para renacer. Su Reino existe tras el velo que separa los mundos, y es el patrono del saber oculto y las artes adivinatorias. Es el ermitaño, el sacerdote, el brujo, el poder de los instintos. Ambos son uno, en constante lucha, en constante balance, como nuestra razón y nuestros instintos.

Estos son los Dioses de la Wicca, que encarnan en alguno de sus aspectos a todos los Dioses en la historia del hombre.

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